Folclore Argentino, Folklore Argentina Hermanos Mujica | |
El término folklore se utiliza para designar aquellas creencias, costumbres, relatos, canciones y refranes que son tradicionalmente populares. La palabra folk, significa popular. La palabra lore significa ciencia o saber del pueblo. Así, la etimología de Folk - lore se refiere al conjunto de las tradiciones, creencias y costumbres de las clases populares, a las expresiones del pueblo conservadas y trasmitidas de generación en generación. Nada es folklore por su esencia, sino que se convierte en tal debido a una peculiar asimilación cultural, a una actitud colectiva. No es extraña la confusión del folklore con la Etnografía o con la Arqueología, ya que la cultura tiene que ver con capas históricas, con la tierra y sus las leyendas. Los diversos aspectos del mundo rural, ya se refieran a la indumentaria o la comida, a la equitación o las faenas, al habla o las supersticiones, a la poesía o las costumbres, fueron configurando, así, una cultura tradicional, popular o de tipo folk. Las creencias populares (que caen a veces dentro del llamado folclore) engloban todo tipo de ideas sobre los temas que por tradición han preocupado al hombre, desde la causa y curación de enfermedades hasta la especulación sobre la vida después de la muerte, así como supersticiones, magia y brujería. Las costumbres comprenden todo el material relativo a festejos, juegos y danzas, a la cocina y la vestimenta. Los relatos abarcan diferentes formas de cuentos tradicionales y música tradicional, basados a veces en personajes reales o acontecimientos históricos. Entre las canciones y refranes se encuentran las rimas, los trabalenguas y los acertijos. El interés por el folklore ha pasado por distintas etapas. En América Latina el término se empezó a utilizar en la década de 1870. Lo aplicó, en 1885, el investigador Francisco García Icazbalceta en México, en un discurso titulado “Provincialismos mexicanos”, pero también Eduardo de la Barra, en 1894 en Chile, donde fundó lo que llamó “Folklore Chileno”. En 1895 el intelectual Arístides Rojas, en Venezuela, publicó Contribuciones al folclore venezolano. El tema adquirió mayor relieve en 1906, cuando el especialista Nicolás León incluyó una lección sobre folklore en sus cursos de etnología en el Museo Nacional de Antropología en México. Fue en 1909, en Chile, cuando se creó la primera sociedad folklórica del país. En México, apareció una sociedad en 1914. Coincidiendo con la década de 1930 se produjo una multiplicidad de iniciativas y propuestas: en México, el folklorista Rubén Campos publicó varias obras, entre ellas El folclore y la música mexicana (1928) y El folclore literario de México (1929), a las que siguieron El folclore en México (1933) de la estudiosa María Luisa de la Torre. La revista Ethnos dirigida por el sociólogo Pablo González Casanova ha sido una gran impulsora de los temas folclóricos y promocionó estudios e investigaciones. En 1938 aparecieron nuevas sociedades folclóricas en Argentina, Colombia y México, y en años posteriores aparecieron el Instituto de Investigaciones Folclóricas (1943) en Chile, el Instituto Nacional de la Tradición Argentina (1943) en Buenos Aires (que en 1960 se transformó en Instituto Nacional de Antropología) y el Servicio de Investigaciones Folclóricas Nacionales (1947) en Venezuela. Juan Bautista Ambrosetti fue el primero en utilizar el término folklore en sentido estricto definido como el conjunto de tradiciones, leyendas, creencias y costumbres de carácter popular, que definen la cultura de una determinada región. Así, como el país se divide en diferentes regiones de acuerdo a sus más importantes rasgos geográficos y climáticos, también en relación a lo cultural pueden identificarse distintas zonas, cada una de ellas con características propias, aunque permeables a las influencias de las regiones vecinas, o incluso de los países limítrofes. En la región del sur santafecino -como ejemplo de influencias entre distintos territorios-, se encuentran arraigadas supersticiones típicamente pampeanas: la luz mala, ánimas en pena, fantasmas que vagan por los caminos y almas que pactan con el Diablo. Muchas de ellas aún hoy están vigentes en el folclore como la flor de la higuera, la cruz de cenizas, la flor de hortensia, la desecación del sapo. Por el otro lado, como ejemplo de rasgos propios, la forma de resolver el duelo criollo toma distintos caracteres: mientras en el norte se maneja el cuchillo de punta, en el sur se lo hace "de hacha". Los estudiosos consideran que lo folklórico no se limita a las comunidades rurales, sino que también aparece en las ciudades y que, en vez de extinguirse, continúa siendo parte activa del aprendizaje de todos los grupos, aunque con formas y funciones diferentes. ¿Alguna vez te detuviste a mirar los murales en las estaciones de subte de la Capital Federal? Esas imágenes están inspiradas en mitos o leyendas folclóricas argentinas. Las danzas folklóricas La música Los bailarines pueden llevar instrumentos como sonajas, carrascas, castañuelas o cualquier otro elemento que produzca sonido, sujeto al cuerpo o a la vestimenta. Es muy común que los zapatos sean importantes productores de sonidos y que acentúen los ritmos y los acentos. Los bailarines pueden dar palmas, chasquear los dedos, golpear sus cuerpos o zapatear con sus pies. Muchas veces los bailarines tararean, cantan o bien realzan sus movimientos con sonidos vocales como gritos, jaleos y falsetes. Los límites entre la música folklórica y otros tipos de música no están totalmente claros. Hay canciones que surgen del alma misma de la música culta y que a veces son adoptadas por la comunidad. La música popular, desarrollada en las culturas urbanas y transmitidas gracias a los medios de comunicación de masas, conserva ciertas características de la música folclórica. Ejemplo de ello son los estilos mixtos que han surgido, como la música country, el folclórica-rock, el soul y el gospel, la rumba de Cuba, la samba brasileña o el tango argentino. Así el folclore obtiene mixturas posmodernas que tiñen con una particular impronta cada una de sus expresiones. En la actualidad se pueden encontrar creadores individuales, que atribuyen algo de su personalidad a la obra. Pero de cualquier modo, no se puede ignorar el factor común que agrupa a varios de ellos, ya que cuestiones ineludibles, como la tradición del lugar donde viven, e incluso su geografía, llegan a imponerse en las producciones de los artistas de un modo más que notorio. Es por eso que más allá de la educación que cada quien haya podido tener, o incluso de su formación académica; lo cierto es que el pensamiento y la sensibilidad de estos artistas se ve altamente determinada por su entorno. En el folclore, identidad, medio ambiente y cultura, encuentran una fusión ineludible y auspiciosa, que es entre otras características, la que hace del Folclore, una materia ingente, esencialmente viva. El orgullo nacional y la identidad cultural continúan siendo reafirmados y representados en la música, las danzas y las creencias folklóricas. Así, en este reducto, de "cosa folclórica", de identidad propia, encontramos nuestra forma de ser, de pararnos en la realidad y de expresar lo que somos, nuestra esencia, a través de lo que hacemos, nuestro Folclore, Folclore Argentino. Folclore urbano, moderno, posmoderno, tradicional, estilizado, musical y personal. Folclore, folklore.
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